JAMES HUDSON TAYLOR

June 9, 2009 at 10:12 pm (Misioneros Cristianos) (, )

Por Paulina Castellanostaylorlr
En el año 1854 un buque se encontraba cerca de Nueva Guinea; el capitán estaba preocupado y un joven cristiano de apellido Taylor le preguntó el motivo de su preocupación. El capitán le contestó: “La corriente nos lleva hacia unos arrecifes muy peligrosos, no veo que podamos hacer nada al respecto”.  En las orillas de la isla, caníbales prendían fogatas y esperaban con ansia que el buque quedara varado. El joven le dijo al capitán que habían cuatro cristianos a bordo del buque y que se iban a retirar a orar para que El Señor mandara una brisa de inmediato que los alejara del peligro. Momentos más tarde, luego de intercesión en oración el joven regresó a la cubierta seguro que su petición había sido contestada. El joven cristiano le informó esto al primer oficial en cubierta y le pidió que bajara las esquinas de las velas. El oficial le dijo que eso no serviría de nada, que no se podía orar por que vinieran vientos. En el mismo rato el oficial notó el cambió en el viento y bajaron las velas. Minutos más tardes navegaban lejos de los peligrosos arrecifes. Este es uno de los muchos relatos acerca de la vida de James Hudson Taylor, quién ardientemente vivió lo que dice el pasaje de Juan 14:13 “Cualquier cosa que ustedes pidan en mi nombre,  yo la haré;  así será glorificado el Padre en el Hijo” (NVI). James Hudson Taylor nació el 21 de mayo de 1832 en Barnsley, Inglaterra en el ceno de un hogar cristiano. Su padre James Taylor era químico y predicador metodista, quien se encontraba fascinado por China y su juventud. Desde los 4 años Hudson ya hablaba de ser misionero e ir a China. Las oraciones de sus padres fueron de gran valor, ya que aún antes de que Él naciera habían orado porque Él fuera a China algún día. A los 15 años, la mentalidad del joven Taylor había cambiado; se había vuelto escéptico y un hombre de mundo. Empezó a trabajar en un banco local como oficinista. Era un joven contento y popular, con sus amigos aprendió a burlarse de la gente y a decir malas palabras. En 1848 el joven Taylor dejó el banco para trabajar con su padre. Una tarde en junio de 1849 a la edad de 17 años, Taylor se encontraba en la biblioteca de su padre en busca de algún libro para leer. Se topó con una lectura de nombre “Terminado” y decidió seguir leyendo, una frase en la lectura lo cautivó “El trabajo terminado de Cristo” y allí aceptó a Jesucristo como su salvador. Pro 2:10  “la sabiduría vendrá a tu corazón, y el conocimiento te endulzará la vida”(NVI), que dulces han de haber sido las palabras del Señor al alma necesitada de Hudson, que relevación divina ha de haber tenido para que meses luego de su conversión Taylor no estuviera satisfecho con su estado espiritual, él tenía más sed de Dios, estaba consciente que “su primer amor” y su celo por las almas había enfriado. En 1849 se retiró para pasar un tiempo a solas con el Señor y fue allí donde recibió el llamado para ir a China. Hudson se preparó desde antes del viaje haciendo ejercicio al aire libre y cambiando su cama de plumas por una dura, él sin duda sabía que la obra del Señor no es tare fácil, pero la recompensa era el cielo. Estudió el mandarín a través de una copia del evangelio de San Lucas en este idioma, esto le ayudaría más adelante a comunicarse con la gente en su lengua materna y al mismo tiempo es una muestra de empatía que él ya tenía por la gente que iba a visitar. También estudió griego, hebreo y latín. En  1851 se mudó a un barrio a las orillas de la ciudad e inició un régimen de negación para prepararse para el viaje. Lam 3: 27-28 “Bueno es que el hombre aprenda a llevar el yugo desde su juventud. Lam 3:28  Yod -  ¡Déjenlo estar solo y en silencio,  porque así el Señor se lo impuso!”(NVI). Su régimen de negación incluía la abstinencia de comida, privarse de comodidades y morir constantemente al yo para ayudar al necesitado, es por esto que en su tiempo libre Hudson se convirtió en un misionero médico en los barrios más pobres de la ciudad. Durante esta época fue que Hudson hizo a mí parecer uno de los experimentos espirituales de Fe más motivadores para mi vida. Su jefe le pedía a Hudson que le recordara que era fecha de pago para que Hudson Taylor recibiera su salario. Hudson no lo hacía porque prefería orar para que el Espíritu Santo fuera quien se encargara del pago. Un día se encontraba de visita  en un hogar con mucha necesidad económica, él oró por la familia pero no se sintió satisfecho hasta que le dio a la familia hasta el último centavo que poseía. Luc 10:27  “Como respuesta el hombre citó: –Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón,  con toda tu alma,  con todas tus fuerzas y con toda tu mente, y: Ama a tu prójimo como a ti mismo” (NVI). Dar hasta lo que no tenemos es amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos y esto fue lo que hizo Hudson con este acto de amor hacia esa familia necesitada. Se fue a casa con un corazón contento y seguramente con el estómago vacío ya que todo su dinero lo había entregado. Al día siguiente el cartero le entregó un sobre con una moneda de oro que valía 10 veces más de lo que él había entregado a esa familia, ciertamente Hudson fue recompensado porque fue allí que Hudson se convenció que el dinero que uno da en el nombre de Cristo es un préstamo que Dios le paga a uno con creces, tal y como lo dice Proverbios 19:17 “Servir al pobre es hacerle un préstamo al Señor; Dios pagará esas buenas acciones.”(NVI) Este tipo de experiencias fueron las que prepararon a Hudson para su vida en Fe y para el servicio misionero que prestaría más adelante. En 1852 fue a Londres bajo el auspicio de la Sociedad Evangelizadora China, quién pagó sus estudios como doctor en el Hospital de Londres. En 1853 aceptó una asignación que le dio esta sociedad en China y zarpó desde Liverpool, fue en ese buque donde Hudson una vez más mostró su Fe desmesurada y los salvó del arrecife. La pasión de la vida de Hudson era la  oración y las respuestas a la oración y así aprendió a mover hombres y circunstancias  a Dios a través de la oración y la Fe.  Al llegar a China había una guerra civil en Shanghái, los rebeldes tenían la ciudad. Fuego, hambruna y miedo fue lo que encontró. A los ocho meses de estar como misionero en China, Hudson Taylor ministraba en ciudades entre ríos y veía muchos milagros en  los chinos convertidos. En 1865 Taylor inició lo que sería años más tarde la misión más grande de su época.  La misión en el interior de China convirtió a multitudes. Durante sus 51 años de servicio en China Hudson logró establecer 20 estaciones para las misiones con 849 misioneros que trabajaban junto a él. 700 obreros chinos fueron capacitados; logró recaudar 4 millones de dólares a base de su Fe desmesurada. En medio de todo esto Hudson desarrolló una iglesia que llegó a contar con más de  125,000 miembros chinos y tradujo el nuevo testamento al dialecto Ningpo, lo que permitió que esta gente pudiera leer la palabra de  Dios en su idioma, nuevamente esto es una muestra de la  empatía que Hudson tenía por el pueblo. Al final de su vida Hudson dejó China y navegando por el río en el atardecer él reflexionaba acerca de sus últimos 50 años en China, seguramente estaba  debía estar orgulloso de cada una de las luces que brillaba de las misiones a lo largo del río. Su famoso dicho “La voluntad de Dios hecha a la manera de Dios, nunca carecerá de la provisión de Dios” se había cumplido.  Bien dicen que la Fe solo aumenta en la medida que se practica y vaya que Hudson la practicaba. Hudson Taylor vivía Colosenses 3:23, ya que se necesita de un amor desmesurado por Dios para hacer todo de buena gana siempre creyendo que Dios va a obrar y es esa excelencia la que Dios premia. El tenía clara la visión, el sueño que Dios le dio y le tomó toda su vida llegar hasta ese pasaje de Habacuc 2:3 “Pues la visión se realizará en el tiempo señalado; marcha hacia su cumplimiento, y no dejará de cumplirse. Aunque parezca tardar, espérala; porque sin falta vendrá” (NVI). Al repasar la vida de Hudson me pregunto cuantas personas hay afuera en el mundo haciendo laborales tan loables como la de Él y que tal vez pasan desapercibidas; muchas veces creemos que Dios nos va a pedir cuentas en especies: ¿Cuántos convertidos hijos míos? ¿Cuántas almas salvadas? Y la verdad es que para Dios un alma salva es lo mismo que 1,000 porque todos somos sus hijos y a todos nos ama por igual. Hudson tardó toda su vida para lograr la conversión de estas personas en China, pero por cada alma salva, Dios seguramente hacía fiesta en el cielo. Tal vez los números no sean en millones, pero esa semilla que Él sembró estoy segura que perdura hasta hoy. No es de extrañar que a China le digan el gigante dormido y que hoy por hoy China esté cobrando importancia. China va a dar en los últimos tiempos el más grande avivamiento que se haya visto y Hudson fue el precursor de esto al  abrir la brecha con su obra de amor a Dios expresada a través de la misión que realizó en este continente. La inspiradora historia de Hudson me invita a mí a tener esa Fe desmesurada sin importar las  circunstancias que se den, porque la frase de Hudson dice: “La voluntad de Dios hecha a la manera de Dios, nunca carecerá de la provisión de Dios”.
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